Sobrenatural. El nuevo film de Frank Darabont
“Sobrenatural” (The mist, 2007) es la tercera incursión de Frank Darabont en el universo Stephen King. Las dos anteriores, “Sueños de fuga” (1994) y “La milla verde” (1999) tienen como nexo la prisión, y escaparían del género de terror donde corrientemente se intuye trotan las novelas de King.
La adaptación de “Sobrenatural” por Darabont flota alrededor de los experimentos que efectúan en áreas militares y científicas, en sus asentamientos lejanos y escondidos, y que de pronto se salen de control, los efectos en el pueblo aledaño y sus habitantes.
Su interés va de exteriorizar catástrofes naturales repentinas y extraños sucesos, la neblina del título original, que irrumpen la tranquilidad de un lugar. Y que primordialmente irán sacando lo mejor y lo peor de cada habitante, los miedos internos, las motivaciones para sobrevivir. Enseña el caldo de donde se nutren los predicadores e “iluminados”, los giros que provocan que alguien incrédulo caiga en sus redes. Los abrasivos efectos del quedarse encerrado, de no entender la amenaza que les envuelve. Por momentos, Darabont cae en tópicos, agrupa los buenos, sesga a la gente de afuera y a quienes se atreven a abandonar el lugar, para agrandar el miedo oscilante. Promueve el terror de las criaturas gigantes, y por encima de ello la suspicacia de algunos, por su raza, o por su posición, o por ser fuereño, con la intermitencia de lo cerrados que son quienes habitan en pequeños pueblos de Estados Unidos, donde la mayoría se conocen.
El microcosmos del mercado es un recurso adecuado, para allanar la supervivencia, con víveres y arreos, y aguantar la embestida de animales monstruosos. La sugerencia de que la religiosa obtusa es inmune a los ataques multiplica su halo, su fuerza y el peligro foráneo. Y para observar cómo se va contaminando el ambiente, la desmoralización, el horror en la farmacia de junto. El director instiga suponer el inevitable Apocalipsis, la minúscula probabilidad de salvarse, la infructuosa aventura del escape, con los páramos, la desolación, los vestigios del arrasar de los engendros. Y cunde en la tragedia abrumadora con una especie de jamelgo gigante que da a creer en el fin de la civilización. Que empuja al grupo a los extremos, con una retumbante sonoridad, más una moraleja final sobre la paciencia, la fe; o también que así como los militares acarrean las plagas y que éstas no son obra divina, cuentan con las armas para finiquitarlas, a veces tardíamente.
fuente: filmeweb.net
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(España)
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